CRITICA | Metallica resurge para hacer historia 

Es la banda más importante de la historia del Trash Metal. Son la marca de un género y han influido en innumerables de bandas posteriores. Metallica merece un hueco en los anales de la historia de la música. Sin embargo, son muchos los fans que aseguran que los de California perdieron su esencia a finales de los noventa, y que ahora van dando palos de ciego. En medio de una guerra entre quienes disfrutaron su último álbum “Death Magnetic” y quienes lo consideran un paso más hacia el desastre, Metallica publica “Hardwired… To Self-Destruct”. Alerta de spoiler: este disco no va a dejar indiferente a nadie.

Y es que nadie duda de la importancia que esta banda ha tenido en el panorama musical a lo largo de sus más de 30 años en los escenarios (sobre todo en la década de los ochenta y durante los primeros años noventa). No obstante, como a toda banda longeva, les llegó un momento de madurez, en el que experimentaron con otro tipo de sonidos y géneros. El resultado no fue el esperado, y sus seguidores evitan mencionar discos como “Load”, “Reload” o “St. Anger”. Con la llegada de “Death Magnetic”, Metallica parecía regresar en cierto modo a sus orígenes, aunque no lo suficiente como para volver a atraer a muchos de sus antiguos feligreses. Ocho años después, si no supiéramos que se trata de material inédito, podríamos pensar que “Hardwired… To Self-Destruct” se trata de un “collage” con lo mejor de cada disco.

El álbum abre con Hardwired, su primer adelanto publicado y toda una declaración de intenciones. Hetfield y compañía logran combinar todos los ingredientes que componen sus temas con una velocidad endiablada al más puro estilo “Kill ´Em All” y en solamente tres minutos, cifra record sabiendo que no suelen trabajar por debajo de los seis. Con “Atlas, Rise!” retoman la duración habitual, en una pista con una grandísima batería por parte de Ulrich y unos arpegios que recuerdan a “Hallowed Be Thy Name”, de Iron Maiden. En tercer lugar, “Now That We´re Dead” que fácilmente podría pertenecer al mítico “The Black Album” disco estrella del grupo.

“Moth Into A Flame”, otro de los adelantos, es posiblemente el tema que más recuerde al último disco de Metallica (aunque la acogida ha sido positiva en general). Llegados a este punto no podemos ignorar la mejoría en el sonido de la batería de Ulrich, uno de los aspectos más criticados durante los últimos años. A continuación, “Dream No More” toca de lleno con el sonido de la banda en los noventa, aunque en esta ocasión, acompañado de lleno con un gran solo de Hammet. “Halo On Fire”, la siguiente pista, es una de las sorpresas del disco. Cambios de intensidad, una atmósfera depresiva y otra gran exhibición de Kirk, que hacen recordar el trabajo con el que la banda se consagró, “Master Of Puppets”

Llegamos a “Confusion”, “ManUNkind” y “Here Comes Revenge”, la parte más floja del disco. En ocasiones alargándose demasiado, estos temas caen en lo repetitivo. Poco que decir de estas canciones, que cumplen su papel secundario en beneficio de destacar las demás. “Am I Savage” sale del bache, con un ritmo lento pero potente y una letra oscura, dinámica de todo el álbum.

Cerrando el segundo disco, descubrimos “Murder One”, un tributo al fallecido Lemmy Kilmister. Motorhead ha sido una de las mayores inspiraciones para Metallica, y esta canción es un homenaje al mítico bajista y a su banda (Murder One es el nombre del amplificador preferido de Lemmy en sus conciertos). Por último, “Spit Out The Bone”, uno de los mejores tracks que podemos encontrar. Una verdadera canción de Trash que muchos seguidores llevaban esperando más tiempo del debido, y que retoma el sonido de los primeros álbumes de Metallica. El tercer disco que compone el trío contiene versiones en directo de alguna de sus canciones más emblemáticas, así como “Lords Of Summer” single que aparecía en 2014, covers de Deep Purple y Iron Maiden (“When a Blind Man Cries” y “Remember Tomorrow” respectivamente) y “Ronnie Rising Medley”, un tributo a Ronnie James Dio.

En definitiva: “Hardwired To… Self-Destruct” es un golpe sobre la mesa, y se puede tratar del mejor disco de Metallica en os últimos 20 años. Lentos pero seguros, reconducen su sonido a lo que sus seguidores esperan de ellos, y se olvidan de tanto “experimento” volviendo a sus orígenes. Si eres uno de esos fans chapados a la antigua que consideran que no han publicado nada decente desde “The Black Album”, estás de enhorabuena; Metallica ha vuelto.

Por Álvaro González.

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