‘Girls’: La vida era esto

Creo que puedo ser la voz de mi generación. O al menos una voz. De una generación –Hannah Horvath–

¿No tienes la sensación de que pasamos el tiempo esperando a que llegue algo o a que ocurra algo en nuestra vida y nos haga feliz? Y ni siquiera sabemos qué es ese algo que tanto deseamos. Esperamos a un gran hecho que consumará nuestra vida adulta, una hazaña desconocida que tan siquiera tenemos claro cuál queremos que sea.

Hace unas semanas, acompañadas de unas cervezas, mi amiga y yo hablábamos sobre este sentimiento confuso y sofocante. Y hubo un tiempo en el que creí que ese cúmulo de emociones era parte de mí, y de nadie más, ¡porque somos jóvenes! ¿Cómo vamos a estar abrumados ante la vida?
Me equivoqué. Lo admito. Aunque también he de confesar que a mi alrededor, como en el de todas las personas, hay un número significativo de adultos que se encargan de reiterar el mismo arquetipo, una y otra vez. La vida es complejísima, no os hacéis una idea, dicen. “¿Qué estrés vas a tener si eres joven?”, preguntan. No tienes preocupaciones, afirman. Ellos también puede que se equivoquen. O al menos conmigo y con una amplia parte de mi generación.
Hannah, Jessa, Marnie y Shoshanna aparecieron en mi vida por casualidad. Podría decir que fui una fiel seguidora de ‘Girls’ desde sus inicios, pero lo cierto es que no vi el primer capítulo hasta la pasada Semana Santa. En esa primera toma de contacto ya me sentí identificada y me invadió la sensación de que ‘Girls’ me marcaría. Lena Dunham creó la serie que me hizo darme cuenta de mi desafortunado punto de vista.
Fue egoísta, pero saber que estaba equivocada fue un alivio. ‘Girls’ alzó el vuelo y supo estar en lo más alto a lo largo de sus seis temporadas. Es una de las mejores producciones de los últimos años porque se ha definido como mucho más que una serie de televisión. Su gran potencial son los sentimientos de las personas que están tras la pantalla. Los espectadores vemos realidad, empatizamos con las protagonistas porque recorren su propia madurez emocional en una travesía de caídas a lo más profundo y escaladas a lo más alto, aunque el camino tenga más descensos que subidas.
¿Sabes quién tiene dolor emocional? ¡Todo el puto mundo! –Loreen, madre de Hannah–
He podido ver a muchas partes de mí en cada una de las mujeres de ‘Girls’. Y no he sido la única, todos tenemos algo que nos hace parecernos a esas mujeres tan corrientes y tan especiales. Un sector de la sociedad está en ‘Girls’, con sus virtudes, con sus defectos, con sus inercias.

Al final de la serie, y después de varias vivencias tintadas de proezas (spoilers), parece que a Hannah le aborda su momento crucial. Para su sorpresa, la felicidad perenne que persigue desde hace años no está. Es efímera y no puede estar presente en todos y cada uno de nuestros instantes. Hannah lo acepta y resurge, coge fuerzas para alcanzarla de nuevo. Ese es el círculo vicioso que nos envuelve. ¿Es así como Hannah cristaliza su madurez? El resto seguiremos aguardando dentro de un sistema social que quebró desde hace tiempo.
No se lo digas a nadie, por favor, pero quiero ser feliz –Hannah Horvath–

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