‘La La Land’ es todo mentira

‘La La Land’ no existe. Que no, de verdad. Que no existe. No es más que un sueño. Hacía tiempo que una película no nos dejaba soñar tan a lo grande. El cóctel no puede estar mejor servido: nostalgia, amor, y artificiosidad. Pero no, de verdad. Que ‘La La Land’ no existe. No es la primera vez que asistimos a la consagración de un musical en la gran pantalla. Recordad ‘West Side Story’Tampoco es una novedad la historia de amor que envuelve sus protagonistas durante algo más de dos horas de metraje. Un amor imposible, vivo, incontrolable, poco calculado y, por lo tanto, inmaduro. Una sucesión vertiginosa de acontecimientos de esos que solo pasan en las películas. Romanticismo ingenuo. Y no. No existe un amor así. Pobres ilusos.

Está mal visto ir sonriendo y tarareando una canción por mitad de la calle. ¡Qué vergüenza! Y ya de bailar ni hablamos.

Ni se os pase por la cabeza. De verdad, perdéis el tiempo. ‘La La Land’ no existe. No queda gente ya que luche por sus sueños. Está mal visto ir sonriendo y tarareando una canción por mitad de la calle. ¡Qué vergüenza! Y ya de bailar ni hablamos. Por favor. Desentonáis. Caminad rápido para que no os vean. Usad el móvil para evitar una conversación fortuita con cualquier desconocido.

No. No lo intentéis. A la primera que se os cierre una puerta, no queráis abrir otra. No os obsesionéis tanto con algo que no podáis ni gobernaros. No lo hagáis. Olvidaos de Emma Stone. No derraméis lágrimas cuando alguien os trate mal. Quedároslo dentro. Quejaos flojito. Aparentad mientras podáis. La razón le puede al impulso.

Y por favor, no luchéis por vuestros principios. Aquellas ideas absurdas que os rondan la cabeza. Apartadlas. Agachad la cabeza. Lo vuestro no brillará tanto como lo de Ryan Gosling. ‘La La Land’ no existe. Al final sólo nos queda tragar con lo que nos ha tocado. Tampoco os aferréis demasiado. Podéis perderlo todo. Rendíos a la primera de cambio. No vayáis a contracorriente. Al final podrán con vosotros. Ya veréis.

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No habléis de libertad. No aguantamos tantos trotes. No estamos hechos de esa pasta. Bloquead los sentimientos. Ponedles unos dígitos que sólo sepáis vosotros. ‘La La Land’ no existe. Por el amor de Dios, ya nadie escucha jazz. Y menos en directo. Esos antros están pasados de moda. Volved a lo comercial. Aterrizad en el siglo XXI. ¿Y al cine? Ni hablar. ¿Para qué esta Netflix entonces? Si queréis perder vuestro tiempo, esperad a que la cuelguen en iTunes.

No lo hagáis. No os salgáis de la ruta. No arriesguéis un todo por nada. No queráis sin frenos. No bailéis hasta caer rendidos. No hay mensaje detrás. No lo hagáis. No intentéis ser felices. Al final acabará mal. ‘La La Land’ no existe.

O al menos es eso lo que nos han hecho creer.

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